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La postura de los países de la Unión Europea sobre las normas de IA desata la crítica

Los Veintisiete han acordado una postura común sobre el proyecto regulatorio de inteligencia artificial previo a las negociaciones con los legisladores que ha causado desavenencias respecto a la cuestión del reconocimiento facial.

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Nunca llueve a gusto de todos. Si hay una verdad universal probablemente rece así; para muestra, un botón. Los países pertenecientes a la Unión Europea (UE) han acordado una postura común respecto al proyecto de reglas de inteligencia artificial (IA) previo a las negociaciones con los legisladores. Sin embargo, antes de que ambas partes se sienten a la mesa para discutir los detalles, la posición adoptada por los Veintisiete ya ha causado desavenencias por no abordar “adecuadamente” la cuestión del reconocimiento facial.

 

Recapitulando

Europa aspira a tomar las riendas en materia de legislación de la IA dando los primeros pasos para convertirse en la “primera potencia mundial” en regular la citada cuestión. Así, a raíz de la propuesta de la Comisión Europea para abordar el tema, el Parlamento Europeo decidía recoger el testigo y aprobar el Informe sobre inteligencia artificial en la era digital que definiría las líneas maestras de la nueva hoja de ruta. El texto, aprobado con 495 votos a favor, 34 en contra y 102 abstenciones, instaba al uso de la IA y el desarrollo de su industria bajo “estándares democráticos” con el fin de que “la tecnología complete al trabajo humano”. Y es precisamente en este punto donde han brotado las discrepancias.

 

El reconocimiento facial, clave

Según la declaración del Consejo de la Unión Europea, los países acordaron excluir de las normas sobre IA la seguridad nacional, la defensa y los fines militares. Además, acordaron prohibir el uso de la IA para la puntuación social -que califica a los ciudadanos en función de los datos recogidos sobre sus actividades-, mientras que las fuerzas del orden sólo podrán utilizar la identificación biométrica en espacios públicos cuando sea estrictamente necesario. No obstante, pese a esto, la Organización Europea de Consumidores (BEUC) aseveró que se habían dejado de lado otras cuestiones de vital importancia, como el reconocimiento facial por parte de las empresas en zonas públicas, mientras que se suavizaron las disposiciones que clasifican los sistemas como de alto riesgo.

"Los consumidores están preocupados por los riesgos de la IA, como su potencial para aumentar la discriminación, y tienen poca confianza en que las autoridades ejerzan un control efectivo respecto a esta tecnología", declaró Ursula Pachl, directora general adjunta de la BEUC. Siguiendo esta misma línea, el legislador del Parlamento Europeo Patrick Breyerdio la voz de alarma sobre el reconocimiento facial. "Debemos oponernos a la vigilancia biométrica masiva en nuestros espacios públicos porque estas tecnologías denuncian injustamente a un gran número de ciudadanos inocentes, discriminan sistemáticamente a los grupos infrarrepresentados y tienen un efecto amedrentador en una sociedad libre y diversa", afirmó.



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